jueves, 3 de octubre de 2013

SIGUIENDO LAS HUELLAS...del pasado gualaceño # 2


Recordando los Viejos Tiempos:


“REMEMBRANZAS DE MI PUEBLO …Gualaceo”

Por Nelson Muy Lucero. MD

EL INVIERNO DE MI PUEBLO




El trueno retumbó como una bomba, nos despertó en medio de la siesta, todo el pueblo estaba sobresaltado y se oyeron voces, acompañadas del chasquido de varias puertas y ventanas al cerrarse. A los pocos segundos, las gotas de agua tamborileaban en el polvo. Y, minutos más tarde, cayó la lluvia.


No, no era lluvia lo que caía. ¡Era un diluvio! De ese edredón de nubes que cubría el cielo, el agua cayó, como una manta líquida, arreciando contra la tierra.

La luz se cortó. Saliendo a la calle, no tardamos en reunirnos con mis amigos. Bailando y chapoteando en el barro, bebiendo el agua de lluvia y dejando que su agua nos empapara el cabello y las ropas, que en instantes se nos pegaron a la piel.

Los “abuelos” del pueblo, como si nos envidiaran la edad, comentaban: “Están locos esos niños”. Esos instantes, no nos importó aquella “lluvia de críticas” que se nos venía encima. Lo importante era la otra, la LLUVIA…la auténtica lluvia, y nos reímos a carcajadas, cantando y gritando, mientras el cielo escurría las algodonosas nubes y les vaciaba sobre la aldea.

Las noticias corrían de boca en boca: “Inesperado diluvio arrasa con todo, salieron las quebradas. Inundaciones en las casas. El pueblo se queda sin luz. Las carreteras cortadas por los derrumbos. El río Gualaceo se desborda de su cauce…la creciente inunda…el agua ya está llegando a la plaza central…todos observando impotentes frente a la furia propiciada por la naturaleza…no quedaba más…esperar que la tempestad se calme”

Mientras estas noticias nada agradables corrían por el pueblo, en las campiñas y las partes altas, los agricultores agradecían a sus santos el milagro, diciendo que la lluvia salvó la tierra…Los árboles reverdecerán y la hierba crecerá por doquier. La próxima cosecha será espléndida.

Mientras tanto, durante el invierno o en los TIEMPOS DE LLUVIAS, la vida seguía moviéndose en torno al fuego del hogar, allí en aquella cocinita de la abuela, en su piso de tierra, alrededor de las “tullpas”, donde estaban paradas las ollas de barro, mientras los leños ardían prodigándonos su calor, buscábamos un lugar para acomodarnos y sentarnos en largos “tucos” o troncos de madera, que nos servían de “bancos”, pero reservándole siempre un lugar preferencial, el mejor sitio para el abuelo "el amo", siendo el primero en ser servido; luego venían las tertulias, se contaban los cuentos o las historias de miedo, como aquella de Mariaanguuuula ¿dónde estás?...

Todos reunidos en familia “calientitos” junto al fuego ardiente, ¡qué momentos más bonitos!...los adultos siempre pendientes que los niños no se acercaran mucho a la candela, por el peligro de caerse al fuego, debido a sus inquietos juegos.

Aquel ambiente provocado por las descripciones de las leyendas macabras, era totalmente bucólico, por nuestro cuerpo recorría un escalofriante frío, que nos hacía temblar de pies a cabeza, nadie se movía, peor pretender caminar en la obscuridad o irnos a dormir sin compañía, debido a las escenas de terror, que nos pintaron como reales.

Salíamos a jugar, al escondite o a los civiles y ladrones, debido a que las sombras de la noche, era de gran ayuda para esconderse, complicándole al que le tocaba buscarlos, razón por la que este, casi siempre salía perdiendo la paciencia.

Se jugaba los chicos con los chicos, las chicas con las chicas, rara vez o casi nunca se jugaban juntos:

Los chicos, lanzándose la pelota, a las canicas o "pitos", buscando nidos, a tirar la navaja en un circulo dibujado en la tierra, a tirar piedras con la honda, tirando de la soga, al fútbol, al sin que te roce.

Las chicas, más tranquilas, jugando con sus muñecas, a las semana, recortando muñecas, a la  soga, aprendiendo canciones, al pañuelo, a la alpargata, a tiendas, a casitas, a hacer "comedias" que hoy se llamaría, "expresión artística" o algo parecido.

Hay algunas canciones que todavía recuerdan las abuelitas de hoy, algunas muy populares que por generaciones se cantaron.

“La lluvia siempre fue un motivo de integración para los niños del barrio…bienvenida lluvia que no escampe pedían los guambras juguetones…”




   cuenca, 3 de octubre del 2013
 

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