lunes, 28 de octubre de 2013

EN GUALACEO APRENDÍ...a leer y escribir


Recordando los Viejos Tiempos:



MI PUEBLO Y SUS ESCUELITAS

Por Dr. Nelson Muy Lucero MD

“Lo que empezó como un relato de mis vivencias pasadas frente a un micrófono, en la radio de mi pueblo, hoy se ha convertido en un proyecto real, para continuar recogiendo todas aquellas imágenes vividas en nuestra infancia y juventud, junto con aquellas fotografías descoloridas, y quemadas por el tiempo, encontradas en el baúl de los recuerdos,  recobrándoles su vigencia, para que se transformen en un inmortal documento testimonial…”

Mi infancia quizás fue vista como una estampa a colores, con luminosidad y sombras,  dejándome llevar para rememorar mis propias vivencias entre aquellas viejas paredes del salón de clases, con sus pupitres dispuestos en tres hileras, que aún parecen esperarme.

Cuando la campana “tocaba” a su llamada acudíamos sin falta, a pesar de las inclemencias meteorológicas, con compañeritos que llegaban, saltando los charcos, subiendo las cuestas, a veces empapados y tiritando de frío por la lluvia y los del pueblo atravesando a la carrera sus calles. No podíamos llegar atrasados, arribábamos caminando solos, hasta el patio de la escuela, donde nos formábamos, para tararear el himno Nacional, luego en espera de la orden del director o el inspector para desfilar a las aulas.

La educación en mi pueblo tiene un histórico comienzo, arranca precisamente con la primera escuela fundada por los Hnos. Cristianos, marcando un hito histórico en la formación de la niñez en esta región. Luego de su salida, la población exigía a sus autoridades se continúe con la educación de la niñez. 


 Unidad Educativa "Santo Domingo de Guzman". 
Vista Exterior

Las gestiones dieron resultado, hasta lograr la venida de las Madres Dominicanas y con ellas se dio la apertura de un grado para preparatoria mixto y de la escuela para niñas “Santa Rosa de Lima”; posteriormente, gracias a la filantropía de la distinguida matrona gualaceña, doña Mercedes Vázquez Correa” se conformó la escuela católica para niños que hoy lleva su nombre y junto a la escuela laica, la Brasil, fueron los que llevaron la tea con la llama educativa encendida de la niñez gualaceña, hasta la actualidad; no podemos dejar de mencionar el esfuerzo realizado, por distinguidas maestras, para la fundación de la escuela pública de niñas “Mercedes de Jesús Molina”. Todas estas unidades educativas gozan de su propia historia, que serán recordadas por sus distintas promociones.

Las escuelas estaban signadas para los pequeños, sobre los cinco años para la preparatoria (mixta) y desde los seis años, hasta los once o los doce años. El distributivo de los profesores, era:  la maestra o religiosa (para las niñas) y el maestro (para los niños), manteniendo su característica esencial el ser muy exigentes, carácter con los que se identificaban los niños para aprender a leer y a escribir; los maestros, caminaban toda el aula, corrigiendo sobre el pupitre, los ejercicios de aritmética, o el dictado. ¡Se daban tiempo para todo!
Unidad Educativa "Santo Domingo de Guzmán".
Vista Interior
Las aulas escolares se caracterizaban por una típica distribución espacial, en el fondo a la derecha, la mesa del maestro, sobre esta el libro de asistencia y detrás la enorme pizarra siempre con la fecha y llena de ejercicios, frases y deberes (aquello sí que era trabajar); encima de su borde superior, una cruz, la imagen de la virgen o de algún santo presidiendo el salón de clases.
Sus paredes decoradas de acuerdo al grado que corresponda, las vocales a todo color y lo suficientemente grandes, que incentivaban el aprendizaje, el abecedario, los infaltables mapas, imágenes de los presidentes, realizados y pintados por sus propios alumnos y las mesas para los alumnos, aquellos antológicos pupitres dobles con tapa del cajón, un poco inclinados, donde guardábamos los pocos pertrechos escolares de aquel entonces, llevados en un carril escolar.

El mobiliario escolar estaba provisto de agujeros para colocar los tinteros y con hendiduras para colocar los lápices de uso obligatorio (lo recomendaban el mongol), lápices de colores y goma, para que no rodaran hasta caer al suelo. Fueron tiempos que ya se tuvo profesor que enseñaba a escribir con plumilla y tinta. Pero otra era  la experiencia en la vida escolar, sobre todo cuando saltaba, goteaba o se regaba la tinta, ni el papel secante lo arreglaba.

De los tres primeros grados, se salía sabiendo sumar y restar y escribiendo con pocas faltas de ortografía, lográndose esto solo a base de hacer dictados, o caso contrario cumplir con el castigo de volver a escribir bien, cien o docientas veces por cada falta.

Después se pasaba a la clase de los mayores (cuartos, quintos y sextos grados), desde allí salíamos dominando "las cuatro reglas" fundamentales. Se tenía los cuadernos para dibujar, los cuadernos de dos y cuatro rayas para caligrafía, el portaplumas de madera, el  sacapuntas, el borrador y la caja de pinturas de 10 colores.

En teoría, la enseñanza era la misma, para los chicos y para las chicas. Se utilizaban los mismos libros. Aunque en la práctica, se decía que las “chicas” recibían la mitad de las enseñanzas impartidas a los “chicos”, pero al final acababan sabiendo más que “ellos”, ya que las tardes las ocupaban para aprender ciertos oficios que lo calificaban de indispensables: a coser, a bordar, cocinar y a hacer "cosas útiles".
"Santo Domingo". Desfilando civicamente
por las calles gualaceñas.
Fueron tiempos donde los abuelos decían que de “chiquillos” aprendieron que la letra con sangre entra  y que tenían que trabajar desde muy chiquitines; fueron tiempos donde las peleas  se las arreglaban a pedradas y no pasaba nada; que los “chichones” en sus cabezas, se curaban aplastándolos; las paperas y dolor de muelas producían “hinchazón”, por eso se cubrían con un pañuelo de oreja a oreja; para el “hinchazón” de la “barriga” se usaba los purgantes; si caías mal, por un “tropezón” de verdad, solo entonces se recurría a los  remedios caseros, cataplasmas, curanderos y en último recurso, al médico. Los niños en aquel tiempo se entretenían con cualquier cosa, todo el día en la calle y sin los miedos de ahora. Aquellos respetables “cabeza blanca” nos decían, tuvimos la suerte de ir a la escuela y  así huir del analfabetismo reinante y más tarde nos hicimos hombres de provecho con el acuartelamiento, en la milicia.

Los maestros y maestras, hacían su labor, que no ha sido todo reconocido, a pesar que la sociedad les exigía que fueran los "garantes" de la moral, y las buenas costumbres.
Las figuras del pueblo siempre estaban: el alcalde, el médico, el cura y el maestro; éste último, sin duda fue, el más querido y respetado, aunque pasara más hambre que cualquier otro habitante de la urbe…su insignificante sueldo.

No sé si era por eso o por el trueque imperante, que veía a muchos padres de familia pagarle sus desvelos y repasos  con una gallina, frutas, o unos huevos…Nos convocaban para llevarnos a la misa y no soportaban las mentiras, que por aquello hasta pegaban. 

Todavía eran tiempos de que la letra con sangre entra… claro que dolía, especialmente cuando empleaban aquella regla de madera de metro con la que nos atizaban en la palma de la mano y mucho peor era el eterno castigo de ponerte de rodillas en un rincón y con los brazos en cruz y no pasaba nada pues pobre de ti si en casa se enteraban…te “sobaban” de nuevo.

Habían maestros y maestras que se ingeniaban para enseñarnos cantando las tablas de multiplicar y nos hacían leer retazos de periódicos o revistas viejas, o las vidas ejemplares de alguien que ya no recordamos; para preguntarnos la lección, se nos ponía en fila y si no sabías la respuesta ibas al final, a la repesca, con el miedo de saber que si volvías a fallar tocaba quedarte hasta que sepas la lección, después de clases. 

Entre buenos y malos; unos pasaban y otros renunciaban o los sacaban de la escuela para ir a trabajar en el campo, por estas situaciones nadie acudía a un psicólogo o los denunciaba.

Había un mes que se esperaba la llegada del supervisor, por ese motivo se preparaba una muestra de trabajos y se recitaba de memoria las tablas de multiplicar…Nos formaban en la plaza o en las calles del pueblo para recibir a tal o cual personaje... Y me viene a la memoria, como olvidar, la llegada de los bultos de leche y los de harina, enviados por los americanos.

Lo mejor, eran los recreos, donde se practicaban los juegos para los niños y otros para las niñas, pero lo primero era el desayuno escolar, todos traíamos una taza o un vaso, para luego pasar a los juegos, a la pelota chica, apostando con los billetes de confites, a las barritas, al “tas cansas”, a los trompos, a las bolas, al sin que te roce, batiendo la cuerda; la macateta, a la semana, etc.

La hora de salida, ordenaditos y al dar el primer paso fuera del establecimiento, era como si se fugaran…en estampida y dispuestos a romper el silencio de las calles con sus gritos, dejando atrás triste y sola a la escuelita.

En aquel entonces, había de hacer los deberes y aprender las lecciones, todo esto antes que nos cobijara la noche; luego se podía buscar a los amigos del barrio para los juegos nocturnos, las escondidas, las barritas, saltando la soga, hasta escuchar un grito de llamada desde el portón de las casas:”…chicos, es hora, pronto a la cama que hay que descansar, para madrugar”.

Fue una suerte el haber estado en aquella escuela, donde nos enseñaron el hábito de leer, desde allí el libro fue mi mejor amigo, el más fiel para mi soledad. Me enseño a vivir integrado con la gente, sin descuidar el contacto directo con nuestra verde y frondosa naturaleza.

Como lo dijera Robert Fripp: “Cuando transcurre el tiempo cada cosa tiene su momento. Nuevas cosas acontecen, mientras las cosas anteriores envejecen”. Al vino de nuestra vida le supieron dar una “añejada” de mejor crianza y valor.

A pesar de todo ese enorme esfuerzo, el analfabetismo campeaba, prueba de aquello es que muchos de los ancianos de esa aciaga época, no sabían leer, peor escribir, porque cuando niños apenas lograban treparse a un caballo ya se les consideraba útiles para el trabajo.

cuenca, 28 de octubre del 2013

martes, 22 de octubre de 2013

"LOS INDIGNADOS...poco a poco van creciendo"



¡BASTA YA!…en Gualaceo no hay oposición...
lo que si hay es INDIGNACION


Por Dr. Nelson Muy Lucero




Hasta el cansancio lo he repetido, aquí en GUALACEO no hay oposición, señor ALCALDE… ¿oposición a qué?

Analizando el momento, yo no me opongo al ALCALDE TAPIA porque sea ALCALDE o porque se llame MARCO TAPIA. Yo si me opongo a todo lo que considero que hace mal a mi ciudad.

Si el señor Alcalde hace algo que está bien diré que está bien, eso es lo que se da en llamar CREDIBILIDAD, y si hace algo que está mal, diré que está mal y me opondré.

Pensemos en el siguiente criterio:
Si determinado señor es mi adversario y grito a los cuatro vientos, que todo lo que hace está mal, pero si el señor es mi partidario, mi amigo, entonces todo lo que hace este bien, ¡no señor! Si mis partidarios y mis amigos hacen algo o dicen algo que está mal, ¡está mal! Y si mi adversario hace algo que está bien, ¡está bien! ESA ES MI LINEA y a eso se llama CREDIBILIDAD. Esta es la razón que me amparó siempre, lo digo, porque cuando he tenido que intervenir en sendas “Asambleas Populares”, la gente siempre me apoyo, aunque tengo que reconocerlo que jamás lo hicieron en las urnas…tampoco por eso me considero un resentido…más bien he sido agradecido por ese favor.

Como político puedo decir que jamás me he beneficiado de los intereses de mi pueblo, más bien los he defendido y denunciado a tiempo y OPORTUNAMENTE en su momento.

Yo le temo al que jamás dice nada, ¿al hipócrita?…a “ese” que le tiene miedo a todo…como decía Facundo Cabral:”...yo le tengo miedo al pendejo porque son muchos y están en todas partes”.
Sinceramente les comento, que a mí no me interesan los objetivos de Alianza País, me interesaron toda la vida uno de los grandes objetivos de este pueblo, que quiere SER una linda ciudad… ¡una gran ciudad!…pero al paso que vamos,  tardaremos mucho en conseguirla. 

Gualaceo, es un pueblo sin proyectos…nos dicen por allí algunos asalariados que somos ciegos…que allí está la obra del milenio en Educación…ja,ja,ja,ja,ja…aunque usted no lo crea ingenuo ciudadano…esa obra llegó de “chiripazo”, porque Cuenca no tuvo a tiempo una gran extensión de terreno, razón por la que se está construyendo en nuestra ciudad, es una obra dentro de un gran proyecto nacional y no local….Allí está un pequeño elefante blanco, el mercado de mi pueblo, con zona WIFI que nadie lo utiliza, donde poco se vende y obligados por las circunstancias atienden, hasta determinada hora…Ahora el señor Alcalde nos va por otro de sus favoritos “gustos”, parece encantarle hacernos bailar en “chulla pata” y según vi por TV CABLE acolitándole el Sr Rubio la invitación, está hecha para que asistan al BAILOTERAPIA…bailen nomas  porque es bueno y saludable. 

Presiento que aquello cubrirá un poco políticamente sus espaldas, al estar utilizando el mismo proyecto “emblema” de la Prefectura del Azuay “su archienemigo”, como UNA CORTINA DE HUMO…¡dale circo y bebida a tu pueblo y triunfaras!.

Nunca he vivido de la política, PERO SI DEL TRABAJO TESONERO Y HONRADO DE MIS PADRES…pero jamás como “otritos”, que se arrastraron y lo seguirán haciendo por mantener “un puestito” en la función pública…a esos que solo buscaron saciar sus mezquinos intereses, pónganse la mano sobre su pecho y nos digan, de una buena vez ¿…que han hecho?...cuando las canas ya empiezan a poblarse sobre sus cabezas, apenas saben disimular, pero si se percatan que por el pueblo que les dio de comer “toda la vida” jamás hicieron nada y recién como que se les prendió el foco del arrepentimiento, ¡golpeándose el pecho! pretenden hacernos creer que el proyecto de un elefante blanco está en marcha, gracias a ellos…cuantos años han pasado y cuantas mentiras en tu nombre PUEBLO se han vertido… pero, para muestra basta un botón, desde que nos mudamos, escuchando a los que les gustaba vivir cómodos, haciendo referencia lo acontecido con el hospital viejo, Gualaceo dejo de tener un hospital y hasta hoy funcionamos únicamente como un centro de salud…y se sigue manifestando que Gualaceo es el primer cantón del Azuay, en habitantes si, de acuerdo, pero en obras nos quedan debiendo…¡SI SEÑOR!…POR MI CIUDAD SEGUIRE HABLANDO…pese a quien le pese.


“POR MI PUEBLO ¡CARAJO!…LES HABLO UN INDIGNADO”

Cuenca, 22 de octubre del 2013

viernes, 18 de octubre de 2013

LAS ABUELAS Y SUS CUENTOS...savias enseñanzas


Recordando los Viejos Tiempos:


LA CAJA RONCA
(Fue así cómo me lo conto mi Abuelo)

Por Dr. Nelson Muy Lucero. MD


Eran las 11H: 30 de la noche cuando Miguel y Facundo “muertos de frío” caminaban por un chaquiñán, siguiendo el portillo y llegando cerca de la quebrada de Chacapamba, una zona profunda y funesta, que por peligrosa a nadie se le ocurría caminar por allí, especialmente las noches, porque decían que allí se esconde un ser malévolo y espantoso. A esa hora la obscuridad reinaba por el lugar, pero tenían que cumplir con el encargo del papá de Facundo.

Don Tobías, debido a su enfermedad, le había pedido a su hijo que fuera hacia su propiedad y que sacando agua de la quebrada, que pasaba por ahí, regara las sementeras de hortalizas… ya que si no lo hacía, se podían echarse a perder, debido al largo verano que padecía la región.
Toda esa zona en ese entonces, estaba rodeada de potreros (donde aterrizaban los gallinazos), cuando de pronto Miguel escuchó el “tararan/tararan/tararan/tran/tan” era un ruido que provenía desde la profunda quebrada.

Con su mano detuvo a Facundo y le dijo: “¿Escuchaste?”…se quedaron quietos por el miedo, como estatuas, como si se hubieran congelado…con sus ojos desorbitados, sondeaban en la obscuridad de la calle. En efecto, a lo lejos únicamente se volvió a escuchar el “tararan/tararan/tararan/tran/tan” de un redoblante.

Que te sucede…tranquilo que “no es nada”, le dijo Facundo, como tratando de aparentar valentía, pero el “tararan/tararan/tararan/tran/tan” cada vez se acercaba más y más, fue cuando se decidieron esconderse tras el tapial de una casa abandonada.

El reloj de Facundo marcaba las doce en punto de la noche. Levantó su cabeza y escuchó paralizado el arras­trar de cadenas; sintiendo que sus miembros le traicionaban mien­tras esos ruidos iban acercándose más y más; de pronto vio que bajo un árbol de nogal salía una enorme figura humana de tres o cuatro metros que tiraba de las cadenas que se encontraban atadas a un ataúd; ese rostro era verde clarísimo y sus ojos dos hor­nos encendidos; dientes rojísimos, vestido de ropaje negro y emanando un fuerte olor a azufre.; Miguel logró correr unos pocos metros, cayendo pesadamente y perdiendo la conciencia, con semejante esce­na, Facundo se desplomó pero sin perder la conciencia; el misterioso ser detu­vo su marcha, sacó una sábana envolviendo al desesperado joven, quien escuchaba el sonido del arrastre de las cadenas.

La abominable figura tomó en su ma­no derecha al rehén y con la izquierda asiendo de la cadena continuaba su viaje, pero cuando se disponía a saltar al abismo, hacia el fondo de la quebrada de “chacapamba” fue cuando en ese preciso instante que Fa­cundo logró empuñar con su mano izquierda la mi­lagrosa medalla -recuerdo de la Pri­mera Comunión- pasaron segundos tensos, sintiéndose que flotaba en el aire como una pluma en el viento, al ser “milagrosamente” liberado de su espan­tosa envoltura. A partir de ese mo­mento, no recordaba nada.




Mientras tanto regresando en sí, Miguel, terminaba de ver la macabra escena de la procesión, con seres que flotaban sobre el suelo, acompañados del “tararan/tararan/tararan/tran/tan” sin poderles ver sus rostros, pues estaban misteriosamente ocultos en las capuchas, llevando unas velas enormes pero apagadas, más atrás una carroza avanzaba lentamente traqueteando y chirriando envuelta en llamas, sobre esta riéndose a carcajadas un ser terrorífico y demoniaco, detrás de la carrosa flotando sobre el aire un ser blanquecino, casi transparente, era el que acompasaba la marcha fúnebre con una especie de tambor, produciendo el espeluznante ruido “tararan/tararan/tararan/tran/tan”.

Miguel volvió a desmayarse por la fuerte impresión causada por esa aparición. En el silencio de la noche con mucho esfuerzo se levantaron; sintiendo una tremenda pesadez de las piernas, con sus cabezas dando vueltas. Recuperándose del susto, Facundo se dio cuenta que se encontraba al borde de la quebrada, y en su mano izquierda sostenía una de aquellas largas velas, que eran las mismas que llevaban aquellos espectros de la macabra procesión. Igualmente estaba ocurriendo con Miguel que sostenía otra similar. Luego de reencontrarse se miraron fijamente, observaron, lo que sostenían sus manos: ¡lo que parecían velas, no lo eran, sino huesos, unas enormes tibias de algún mortal!

Con gritos desesperación gritaban los muchachos, despertando a los vecinos. Todos salieron a ver qué pasaba, alumbrados con candiles en las manos, asombrados vieron a los dos muchachos, con la boca abierta, como si fueran dos estatuas, pálidos como la cera y emanando espuma de la boca, hablando incoherencias, de forma atropellada con palabras que nadie entendía.
Contaron que por un buen tiempo trataron en calmarlos, dándoles de beber litros de agua de toronjil, mojándoles la cabeza con agua fría y frotándoles con “agua florida” y aguardiente alcanforado.

Cuando Facundo y Miguel, pudieron explicar lo sucedido, los vecinos de aquel barrio se estremecieron ante tamaña experiencia que acababan de padecer los pobres muchachos. Llenos de compasión se ofrecieron para llevarlos hasta sus respectivas casas.
Lo acontecido, no fue suficiente para convencer al papá de Miguel. Para Don Tobías aquello no era más que un cuento, un ridículo cuento para justificar el hecho de que su hijo no había obedecido, y por lo tanto no había hecho el mandado.

De nada valieron las explicaciones, pues no tenían pruebas, los chicos no recordaban donde habían dejado los huesos del muerto que tenían en sus manos… ¿Dónde estaban las tibias? ja,ja,ja…sonrió don Tobías…a lo mejor no eran más que un par de botellas frías y para mí que aquí no hay mas diablos que ustedes mismos, chicos; diciendo estas palabras, volvió a sonreír, pero esta vez con un gutural timbre de voz, estremeciendo a toda la casa y asustando nuevamente a los muchachos.
De pronto, alguien lo dijo que había vuelto a escuchar claramente el funesto ruido del “tararan/tararan/tararan/tran/tan”… la discusión paro inmediatamente, para poder oír aquel envolvente ruido, todos se guardaron silencio, pero lo único que se percibía era el viento del atardecer aullando entre los guabos y los viejos Sauces.

Todos consternados por el acontecimiento observaron, como una especie de niebla espesa avanzaba lentamente cubriendo los potreros y, aunque nadie escucho otro “tararan/tararan/tararan/tran/tan”…pero todos coincidían que algo extrañamente misteriosos y frío les recorrió por las espaldas esos momentos.



Su abuelito que también se en­contraba entre la muchedumbre, dijo luego de suspirar:

¡Creo que ha sido la Caja ronca!

Y “tararan/tararan/tararan/tran/tan”…esta leyenda ha llegado a su fin.