lunes, 7 de mayo de 2012

La juventud de antaño...SUS LUGARES SELECTOS


Recordando los viejos tiempos:
 

 LA VIEJA CASONA de Don Jaime y sus billares...


Por: Nelson Muy Lucero, MD.
“La casa de los billares” de Don Jaime, quedaba en la calle D. Chica y Luis Ríos Rodríguez. Una casona de un piso, de tapiales, bahareque y techado de teja. Fue un lugar de vivienda, pero don Jaime fue acondicionando la gran sala y un amplio patio donde fueron emplazadas las mesas de billar...la noticia recorrió relampagueante y la juventud se enteró de la apertura de este centro de diversión según decían únicamente para mayores de edad. Cada cierto tiempo aparecía una nueva mesa, debido a que la demanda crecía. Para cada una de las mesas, al alzar la vista se observaba que estaba provista de un contador manual (arandelas de madera) que colgaba de un alambre dispuesto en forma horizontal.
Algunas “galladitas” (grupos de amigos de la misma edad) como la mía, sabíamos que no nos dejarían entrar al billar de don Jaime, pero nos dábamos modos de buscar la forma para que nos dejasen al menos distraernos viendo como juegan los mayores de 18 años en adelante.
El lugar era una casona antigua con paredes blanquecinas, lastimadas y descascarándose por capas sus paredes, por el paso de los tiempos. Lo único que quedaba era la sombra como en una cueva donde resaltaban el paño verde y sobre él, aquellas quince bolas en colores hechas de marfil. Allí se encontraban tardes enteras los amigos, curiosos y los jugadores de este pequeño pueblo. Eran los mismos que en su momento defendían a su comunidad, tanto allí como afuera.
Pero llegó el día...había cumplido mi edad... ya podía ir al billar de don Jaime. Ese día seria mi inauguración para codearme con la élite de los jugadorazos del pueblo.Ese día junto a mis amigos nos sentíamos grandes e importantes porque estábamos camino al gran salón de juegos, pero persistía el problema  de ser tan miedosos, junto a la preocupación del que dirán de la gente. Por aquellos años las veteranas “hijas de María”, eran peor que los “ojos de águila” en la actualidad. Entramos sin problemas. Claro, pero saludando a los presentes con seriedad, pero un tantito relajados. Es que teníamos que mostrarnos seguros.
Don Jaimito ármenos una
Me refería que acomodara la mesa de billar para jugar una partida.  Me dejaron romper y de suerte eché dos bolas en las troneras de cada esquina. Paguen antes nos reclamó el dueño y luego continuamos la partida. Cuando me tocó un nuevo turno de tirar entraron por la puerta principal “los molestosos del barrio”, el Ñuco, el Destruje, el “cotoviejo”, el pasa Calle del Max, el Getón, el “rapadura”, el peshelo, el andamio, el Cuy Pérez, el turr-turr, el osicón del rigo, el alambique, el “muto” Curillo,  los Peña, el Capacho, el Camilo, el lluchuma, al magueregue. Cuando vi aquel cuadro de jugadores comencé a sudar profusamente, los nervios se me apoderaron. Quería dar lo mejor. Cuando atiné, tiré la bola que se salió del billar y le pegué al Chullco en el pecho. Todo se paralizó. Fue todo accidental... No paso nada muchacho me dijeron.
Así se pasaban las horas y los días; de donde sea salía el dinero para pagar el tiempo de una partida; los mas “viciosos” se pasaban tardes enteras jugando, apostando y acompañados de una florida gama de insultos como de “yapa”...era común y corriente escuchar ese vocabulario tan popular, que se endilgaban entre los propios jugadores.
Nunca aprendí a jugar bien ese juego, no tenía el pulso firme. Sin embargo era imposible dejar de ir al billar de don Jaime, era el punto de encuentro de los campeones del pueblo, las apuestas llovían, al igual que las cervezas y el “contrabando”. Los “mirones” poco a poco iban abandonando el gran salón de juegos, rumbo a sus hogares, porque el anochecer se nos caía encima; había que llegar a casa donde nuestra santa madre nos esperaba para el correspondiente “ajuste de cuentas”.
Es curioso cómo todos estos juegos se repiten en los lugares más remotos, con la marca característica de cada lugar y cultura.
El juego siempre será un espacio y un tiempo de libertad, donde "todo se puede"
Gualaceo, 07 de mayo del 2012

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