viernes, 27 de noviembre de 2015

"Caminando por riscos y senderos...alimentandome con TUNAS Y CAÑAROS...transcurrió mi infancia en este paradisiaco VALLE DE LOS ANDES..."



Así fué y es...mi pueblo”


Por Dr. Nelson Muy Lucero MD

“Para mí la Naturaleza es mi Dios…es a quien le doy las gracias en todo momento por haberme permitido nacer en su regazo…”

Este es mi PUEBLO...Gualaceo

Gualaceo tiene la riqueza de ser un “parque natural”…los que lo caminaron me darán la razón. Yo lo recorrí en mi niñez, esta realidad me hacía parecer que habría pernoctado un extenso tiempo en mi “terruño” haciéndonos pensar que lo habríamos visto y escuchado todo de su histórica y tradicional semblanza…si, absolutamente todo incluyendo la belleza de sus colinas, sus páramos y demás ecosistemas que todavía lucen escondidos en las entrañas mismas de este milenario cantón…a pesar que habríamos recorrido tu y yo los mismos senderos una y otra vez, siempre en cada caminata nos encontrábamos con algo novedoso y diferente (Una formación rocosa, un cielo diferente, acueductos abandonados, vertientes, quebradas cobijadas por la maleza, muros y acequias perdidos en el tiempo, etc.)

Humedales del Bosque Collay

Mis abuelos me contaron hace tiempo, que al acercarse el verano dejará de llover…por aquel conocimiento entendían que había llegado el momento de limpiar y preparar las acequias para poder regar los huertos y sembríos… quien nunca ha recorrido con tranquilidad y ávida curiosidad las acequias que riegan este pueblo jamás serán conscientes de la importancia que estas tienen.

Pero en nuestro pueblo, las acequias no fueron únicamente utilizadas para el afanoso riego de los sembríos…el agua que por ellas recorría, aportaban con su fuerza hidráulica para poner en movimiento las piedras de los molinos harineros…esto sucedía aquí muy cerquita en el sector denominado “el Chorro”…a todo lo largo de la Avda. 3 de noviembre una acequia secundaria de desagüe lo recorría en toda su longitud hasta el río grande…y una acequia enorme desde la toma en el Río San Francisco conducía el agua que llegaba a nuestra primera planta hidráulica, ingresando con furia torrentosa a la casa de máquinas logrando rotar a las enormes piedras para obtener la energía necesaria, para que se haga la luz en la penumbra de nuestro pueblo.

La casa de máquinas de la Minicentral Eléctrica y el río San Francisco

Siendo adolescentes, por alguna de las rutas de senderismo solíamos encontrarnos con portillos, caminos pedregosos y a la vera del camino con centenarios árboles, pencos, arbustos y antiguas acequias hoy abandonadas de las que solo quedan trazos porque están siendo sustituidas por tuberías que las van soterrando.

Capzha visto desde el lado posterior


Desde aqui Gualaceo toma su agua
Desde la “toma del agua” en el rio san Francisco, su conducción desde sus inicios se los realizó por una acequia que en forma serpenteante bordeaba la colina de Capzha hasta el estanque n 1 desde donde el agua sería conducida en tubería de acero, visible en el puente “Velasco Ibarra” cruzando el centro Cantonal avanza dominando una agreste colina, hasta el estanque n 2 construido en la jurisdicción de Parculoma, desde aquí parte una nueva “acequia” que circunvala nuestro extenso valle, regando las huertas existentes en sus laderas que rodean al pueblo; esta extensa acequia construida a pico, pala y la “minga” de sus hombres y mujeres…avanza coronando las colinas desde Parculoma, con rumbo a Bullzhún, el arenal y Tocteloma…de pronto nos encontramos con la existencia de otra “acequia” que se viene desde el río Paute regando el extenso valle de Bullcay e Iluncay, arribando a las laderas de Negas y Llampasay en cuyo recorrido entre huertos playeros y arenosos, observamos maravillados una envidiable vista de este inconmensurable valle santiaguino, que cada vez nos sorprende con su exuberante verdor.

Canales de conducción del agua para Gualaceo

Las  grandes extensiones de sembríos de caña de azúcar que existieron hasta hace pocos años en ambos costados o playas del rio Gualaceo solo quedan en el recuerdo e impregnados en la retina de sus pobladores, así como las moliendas donde se percibía y saboreaba el tradicional “guarapo tierno” listo para beberlo y saborearlo, y el “fermentado o maduro” que una vez pasado por el alambique de cobre se obtenía el aguardiente de caña conocido como “el contrabando” calificado con su correspondiente grado…nos llamaba la atención la fabricación artesanal de las conocidas  “panelas de aquí”…estas panelas fueron hechas también por mi abuelo Don. Salvador Muy A. siendo poseedor de una de las grandes moliendas y conocedor profundo del arte y emprendimiento en la producción de la miel y en la obtención de la “cachaza” el popular “alimento del pobre”.

Gualaceo es un pueblo que seguirá quedando como el gran legado de nuestros ancestros, de esos abuelos y padres que soñaron con un pueblo amable y acogedor, y lo trazaron en el extenso valle, disponiendo un lugar para su iglesia, el cementerio, su plaza, sus calles, para los vecinos y sus costumbres…aquello lo hemos sentido porque en cada rincón santiaguino se esconden gratos e imborrables momentos para quienes aquí nacimos…en el regazo de la inolvidable Villa…Santiago de Gualaceo.

Recorriendo los "chaquiñanes" o caminos de piedra en sus riscos la madre naturaleza nos ofrecia alimentos frescos para los inquietos y sudorosos infantes de esta tierra...exquisita, gratuita y saboreante fruta...era el pueblo de las TUNAS.

Las horas y los días pasaban y las campanadas se escuchaban…por quién doblaban las campanas y para quienes seguirán tocando las campanas en aquel pueblito que dejaste…solo sabíamos que con las campanadas nos llamaban si era desde la torre de la iglesia (para las oraciones de rigor), de la escuelita (para formarnos, para el cambio de hora, para los recreos y dando por terminada la doble jornada escolar) o los martes en la noche las agudas campanadas se replicaban en su eco nocturno convocando a reunirse a los socios obreros del Oriente azuayo…al común de la gente no les importaba si la campana fuera grande, mediana o pequeña, pero por su relevante sonido y eco  sabíamos a dónde acudir…Como poder olvidarme del viejo cine del pueblo, de los juegos de billar, de los pozos para el juego del “chantón”, la calle obscura para las escondidas, de las noches del Indor fútbol, de los futbolines, del viejo heladero, de las panaderas, del lustrabotas, de los herreros del pueblo, de las peluquerías con doble fondo, porque detrás de las cortinas se jugaba al “prohibido” naipe…de las huecas cantineras frecuentadas por su rockola, de la colocación del pararrayos desde la torre más alta de la iglesia hasta el suelo, era un acontecimiento y nos despertaba la curiosidad.

¡Amigo…! son muchos los años de tu obligada ausencia…si es así, es comprensible que por ahora el gualaceño se conforme con lejanos recuerdos congelados en el tiempo, los primeros años de su vida estudiantil en la escuelita del pueblo, a doble jornada…a la carrera los sábados al catecismo y los domingos en la mañana a la santa misa en la parroquia. Pronto llegaron las primeras comuniones, “togados” y listos para la primera fotografía con los padrinos o madrinas.

Así fueron los tiempos pasados de mi pueblo…magníficos, por decirlo así…en donde hemos podido disfrutar de una profunda fe religiosa, saliendo de pastorcitos, de reyes magos, de fruteros, en mulares o carros alegóricos; participando de las procesiones especialmente en los Viernes Santo…que se efectuaban con mucha emotividad y sentimiento en las primeras horas de la noche, caminando penitencialmente por senderos alumbrados con la luz de las velas que portaban las mujeres del pueblo.

Mientras viva…¡Gualaceo VIVE!

En mi caminante vida me encontraba con gualaceños muy lejos de aquí y me interrogaban…¿cómo esta Gualaceo?…percibía sus aires de nostalgia…me contaban…desde que me marche no he vuelto jamás…con profunda nostalgia observé partir a centenares de gualaceños, con su mochila al hombro lleno de sentimientos encontrados y coraje reprimidos, abandonaron su pueblo rodeados de silencio y dolor…la falta de trabajo seguía arrebatando a nuestra juventud, los arrancaba para llevárselos a otro lugar, pero con su lacerante mirada nos dejaban su mensaje…jamás me olvidaré por todo lo vivido en este pueblo, ¡lo juro por Dios!...cada gualaceño al partir, se llevó un pedacito de esta sentimental tierra por el mundo.

Mientras tanto aquí seguiremos quedándonos “los patas de plomo” como fieles custodios del “cofre de los recuerdos”...del alma, vida, y corazón de este pueblo, para regocijo de los que volverán algún día a bañarse en las frías y medicinales aguas de la infancia del recordado río San Francisco…de lo único que si estoy seguro es que cada vez que lleguen de visita será una fiesta por volver al pueblo…pero sin olvidar darse un obligado tiempito para visitar a los amigos que dejaron y a lo mejor que ya no están.

EL RIO SAN FRANCISCO formando en la cordillera oriental en los bosques del COLLAY, sus límpidas y golpeadas aguas avanzan veloz sin dar tregua al tiempo...correntoso y decidido para entregar vida a su pueblo amado por ancestro.

Mi virtual esperanza es que algún día se desviarán unos cuantos kilómetros y llegarán a visitarnos a este pueblo y su gente, que tiene un no sé qué…pero que es atractivo a los ojos del visitante.

Aquí nacimos, acá llegaron y se quedaron mucha gente…fuimos solidarios, pero también en el trayecto perdimos a muchos amigos jóvenes con renovadoras ideas e ilusiones…nos encontramos con buenos maestros que con su sapiencias y experiencia nos enseñaron a respetar sus emblemas y a cantar su himno.

No se den por mi…porque sigo viajando en el tren de la vida, en el vagón familiar…mientras tanto solo sé que en esta tierra, en este paraíso, en el polvo de su tiempo los que se bajaron del tren, duermen su largo sueño mis MIS ABUELOS Y MI PADRE, en un respetable rincón de este pueblo, cobijados con las telarañas del recuerdo y su silencio.

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